Artista · Colección
Jean Arp
Jean Arp fue uno de los fundadores del Dadaísmo en Zúrich en 1916, un movimiento que rechazaba la racionalidad y el arte convencional. Más tarde se orientó hacia la abstracción orgánica: formas inspiradas en la naturaleza, en el crecimiento de las plantas, en las piedras moldeadas por el agua. Creía que el arte debía nacer del azar y de lo natural, no del cálculo. Trabajó toda su vida entre Francia y Suiza.
- Años
- 1886–1966
- Nacionalidad
- Franco-alemán
02 · TRAYECTORIA
Movimiento y círculos
- Movimiento
- Abstracción biomórfica · Dadaísmo
- Afiliaciones
-
- Cabaret Voltaire, Zúrich
- Abstraction-Création
01 · EN SUS PALABRAS
Una voz propia
“El arte es un fruto que crece en el hombre, como el fruto crece en la planta.”
— Jean Arp , en Biomorfismo en el arte del siglo XX , 2001.
05 · SEMBLANZA
Vida y obra
Jean Arp fue una de las figuras centrales de las vanguardias del siglo XX. Cofundador del Dadá en el Cabaret Voltaire de Zúrich en 1916 —el movimiento que rechazaba la lógica racional mientras Europa se desangraba en la Primera Guerra Mundial—, fue poeta tanto como escultor, y oscilaba entre el alemán y el francés con la misma facilidad con que pasaba de las artes plásticas a la escritura.
Rechazó el término abstracción: prefería hablar de arte concreto, para subrayar que su obra era sensual como una hoja o una piedra, sin necesidad de remitir a un modelo previo. No abstraía a partir de la realidad; producía, según su propio término, concreciones: formas que siguen las leyes del azar y del crecimiento natural y que adquieren existencia autónoma, como un organismo vivo. Ese desplazamiento de vocabulario es la clave para leer su obra.
Su obra en la CUC
Ya consagrado tras el Gran Premio de Escultura en la Bienal de Venecia de 1954, Arp encargó la fundición en bronce de Pastor de Nubes a Susse Frères. La pieza llegó a Caracas y se instaló en la Plaza Cubierta, sin pedestal que la sacralice: reposa directamente sobre el pavimento, integrándose al tránsito diario de los estudiantes y dialogando con el bimural de Mateo Manaure. Su título lírico no describe la forma: le confiere el aura de un guardián de lo etéreo y lo cambiante.