Artista · Colección
Baltasar Lobo
Baltasar Lobo nació en Zamora en 1910. Luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil española y en 1939 cruzó los Pirineos a pie para exiliarse en Francia. En París trabó amistad con Picasso, quien lo ayudó en sus primeros años de exilio. Desarrolló un estilo propio de figuración poética: cuerpos femeninos de volúmenes redondeados y superficies pulidas que celebran la fertilidad y la vida. Nunca regresó a España. Murió en París en 1993.
- Años
- 1910–1993
- Nacionalidad
- Español (exiliado en Francia)
02 · TRAYECTORIA
Movimiento y círculos
- Movimiento
- Figuración poética
- Afiliaciones
-
- Exilio republicano en París
- Taller de Laurens; amigo de Picasso
01 · EN SUS PALABRAS
Una voz propia
“Un verdadero canto a la maternidad desde la pupila sana y feliz de un hombre que bendice la vida.”
— Baltasar Lobo , en Baltasar Lobo , 1961.
05 · SEMBLANZA
Vida y obra
Baltasar Lobo ingresó como aprendiz en un taller de imaginería de Valladolid en 1922, a los doce años, y asistió a la Escuela de Artes y Oficios. Obtuvo una beca para la Real Academia de San Fernando en 1927, pero la abandonó a los tres meses: prefirió una formación autodidacta. Durante los años treinta, su compromiso anarcosindicalista se manifestó en las ilustraciones para Mujeres Libres y ¡Campo Libre! y en su papel como miliciano en la Guerra Civil.
En 1939, la derrota republicana lo forzó al exilio. Tras pasar por el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, se estableció en París, donde Picasso le brindó un apoyo decisivo y Henri Laurens —el mismo que firma Amphion en la CUC— se convirtió en su mentor. Se integró así en la Escuela de París. Su lenguaje es una figuración esencializada, próxima al biomorfismo y atravesada por el primitivismo ibérico que había descubierto de joven en el Museo Arqueológico de Madrid.
Su obra en la CUC
Maternidad (1953-1954) es un estudio magistral sobre el volumen y el vacío. Lobo no define a la madre y el niño mediante una masa compacta: la deconstruye en curvas fluidas que se entrelazan y crean oquedades tan significativas como el propio bronce. La luz no resbala sobre la superficie: la atraviesa y convierte el vacío en un elemento compositivo esencial. Que un exiliado esculpiera un arquetipo de origen para un campus tropical abre preguntas que resuenan de forma especial con la experiencia canaria del exilio y el retorno.